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Slow Living

light in the late afternoon Alessandra Tacci's house

Últimamente se está haciendo mención en las redes sociales a un término denominado Slow living, pero ¿qué es?

Oficialmente, se trata de una corriente cultural que promueve tomar el control del tiempo en vez de someterse a su “tiranía”, dando prioridad a las actividades que redundan en el desarrollo de las personas. Pensando sobre ello creo que es necesario encontrar un equilibrio entre la utilización de la tecnología orientada al ahorro del tiempo (como los móviles y los ordenadores) y que esas nuevas tecnologías nos dominen.

Confieso que a veces, cuando estoy en un restaurante me paro a mirar a otras mesas porque se lo que voy a encontrar. Parejas y amigos que se sientan juntos pero realmente no están disfrutando de su compañía, y que en su lugar teclean incesantemente en sus móviles.

La realidad es que ahora soy más consciente de ello y trato de evitarlo pero también sé que durante una larga época de mi vida me sentaba en una mesa rodeada de amigos o con mi pareja pero en realidad casi no era consciente de estar allí. Vivía deprisa, siempre con la sensación de no llegar a nada, de que nada fuese suficiente y dominada por la luz roja de mi blackberry que me anunciaba que un nuevo mail de mi trabajo había entrado en mi buzón, incluso si eran las 4 am.

Dado que “gracias” a las nuevas tecnologías podemos hacer cualquier cosa en cualquier momento, la tendencia nos lleva a trabajar las 24 horas del día e incluso que tengamos la sensación de que nos faltan horas en el día para hacer todo lo que tenemos programado o nos gustaría hacer.

Este movimiento de Slow living reacciona contra ello exaltando los valores de disfrutar y saborear de la vida.  La verdad es que siempre dicen que si trabajas en algo que te gusta no sientes que sea “trabajo”. Durante los diez años que he estado trabajando nunca he tenido la suerte de no considerarlo trabajo y vivía con una sensación constante de insatisfacción y de pérdida de tiempo.

Fueron decisiones que tome como practicar Yoga, hacer deporte, comer saludable, en definitiva cuidarme, las que me ayudaron a vivir de una manera más consciente. Mi tendencia natural es la de intentar comerme el mundo cada día y no parar de un lado a otro pero gracias a mi decisión de cuidarme y de dedicarme tiempo a mi misma que vivo ahora de una manera más centrada en el ahora y no tanto en lo que debería de haber hecho o podría hacer.

Y tú, ¿crees que el slow living solo es para algunos y que en tu caso es imposible que puedas bajar el ritmo? ¡En Cocunat nos hemos propuesto este año 2017 ayudarte a lograrlo con algunos sencillos consejos! ¡Síguenos en próximos post en los que te enseñaremos a organizar menos saludables para la familia en poco tiempo!

Celine

 

Yoga: cita con uno mismo

yoga

Ayer tras una intensa clase de Vinyasa Yoga me di cuenta de que en los últimos 10 años de mi vida muchas cosas han cambiado a un ritmo vertiginoso pero si hay algo que se ha mantenido inamovible ha sido mi práctica de Yoga.

Debido a una continua insatisfacción con mi orientación profesional, durante todo este tiempo he buscado la motivación en actividades como clases de cocina, pintura al óleo, costura…las cuales me han reportado muchas satisfacciones. Si bien es cierto que, echando la vista atrás, he probado un poco de aquí un poco de allá sin dedicarme finalmente en cuerpo y alma a una de estas actividades.

Sin embargo siempre me he mantenido fiel a mi práctica de yoga. Meditando sobre la razón por la cual esto es así me he dado cuenta de que no solo es porque me hace sentir bien si no porque me brinda la oportunidad de tener una cita conmigo misma, con mi verdadera esencia.

Probablemente si nunca has practicado Yoga ahora mismo te resultará difícil entender a que me estoy refiriendo. La percepción de la mayoría de personas que conozco que no lo practican es que es demasiado relajado para ellos o, si igual conocen un poquito más, que serían incapaces de realizar dichas posturas solo aptas para avanzados contorsionistas.

Para mí la magia del Yoga es que es apto para todo el mundo. No solo hay muchos tipos de Yoga para elegir cual se adapta más a nosotros, como Iyengar, Hatha, Ashtanga, Vinyasa, Kundalini, si no que en cada una de estas modalidades la práctica se adapta a ti y no al revés como suele suceder en la mayoría de actividades que realizamos en nuestro día a día. Con esto me refiero a que si por los motivos que sean nos encontramos incómodos en una asana (postura) y no podemos realizarla porque tenemos un impedimento físico o una lesión siempre podemos acudir a distintos instrumentos que nos ayuden a realizarla como bloques, cinturones, sillas (en algunos casos).

En mi caso he probado todos los estilos anteriormente descritos y actualmente el que mejor le sienta a mi cuerpo y por ello es el que practico es el Vinyasa Yoga.

Este estilo deriva del Hatha Yoga, una de las 5 vías del camino del Yoga (siendo Hatha el del Yoga físico de las asanas (posturas), pranayama (respiración) y meditación), el cual he estado practicando durante el mayor número de años.  Supongo que os estaréis preguntando si es tan fácil pasar de practicar un estilo de Yoga a otro. Como os comentaba, dado que el Yoga se adapta a ti y no tu a él, sí que lo es. En este caso al pasar de practicar Hatha a practicar Vinyasa lo único que he tenido que adaptar ha sido la velocidad con la que paso de una asana (postura) a otra ya que la práctica de Viyasa es más rápida y fluida.

Hatha Yoga es el estilo de Yoga actualmente más practicado en todo el mundo y lo recomiendo especialmente para aquellas personas que comienzan la práctica y necesitan familiarizarse con el Yoga, las posturas, sus principios y los métodos de respiración.

Sin embargo mi primer contacto con el mundo del Yoga no fue con el estilo Hatha si no con otro estilo muy diferente que es Kundalini. En muchas ocasiones comúnmente denominado como el yoga de la conciencia es el más espiritual de todos los estilos. La práctica se realiza a través de asanas (posturas) en combinación con la respiración, ejercicios de pranayama, cierres energéticos (bandhas) y mudras. Esta práctica ayuda a abrir y equilibrar los chakras para prevenir y sanar dolencias físicas y emocionales.

Tras descubrir el mundo del Yoga a través de este estilo sentí la curiosidad de probar un Yoga más físico y menos espiritual. Fue entonces cuando descubrí Yoga Iyengar cuya característica principal es que busca la alineación del cuerpo en cada postura. Fue Iyengar quien promovió el uso de mantas, bloques, cinturones y sillas que os comentaba antes por lo que es fácilmente adaptable para los distintos niveles de los alumnos de una misma clase y fácilmente realizable por alumnos de nivel mas principiante.

También deriva del Hatha Yoga aunque el número de asanas que se realizan en una clase es muchísimo menor ya que la mayor parte del tiempo se dedica a establecer la pose para una alineación correcta y mantenerse en dicha postura el mayor tiempo posible. Una de las ventajas mas destacadas es de esta práctica es que ayuda a conseguir corregir y mejorar la postura.

Si bien cada uno de estos estilos descritos anteriormente como Iyengar Vinyasa, Kundalini pueden tener diferentes enfoques o planteamientos, todos tienen en común las mismas bases del Hatha Yoga, concentrando la atención en esa unión de cuerpo-mente-espíritu por medio de los asanas, pranayamas, meditación.

Durante todos estos años he aprendido que el Yoga es un camino que se debe recorrer con pasos cortos pero firmes, cultivando la paciencia y el respeto hacia los demás pero sobre todo hacia uno mismo. Es por ello que para mi el Yoga es una cita conmigo misma, la persona de la que más tengo que aprender.

!Animaos cocunater@s con esta practica milenaria que tantos adeptos tiene! !En próximas publicaciones profundizaremos más sobre sus múltiples beneficios para la salud!

Celine