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Disruptores endocrinos: todo lo que tienes que saber para desterrarlos de tu vida

¡Hola Cocunater@s!

Disruptor endocrino

Hoy en el blog de Cocunat.com queremos hablaros de unos tóxicos especialmente preocupantes por su variedad, sus muchas aplicaciones en nuestra vida cotidiana, su diversidad de efectos en nuestro organismo y sus efectos a bajísimas dosis. Se trata de los disruptores endocrinos.

Qué son los disruptores endocrinos

Como sabéis nuestro organismo funciona con la perfección de un reloj suizo. Es un engranaje en el que a cada instante se suceden reacciones químicas, motivadas muchas de ellas por las más de 50 hormonas diferentes de nuestro cuerpo. Éstas, ejercen una función primordial en muchos procesos vitales, mucho más allá de nuestro sistema reproductivo y las características definitorias de cada sexo al que comúnmente se asocian. Así que eso de los adolescentes están en plena ebullición hormonal es una verdad a medias, ya que sólo estaríamos hablando de las hormonas sexuales ¿y el resto? El resto nos hierven a todos, no sólo a los más jóvenes…

Por ejemplo, las hormonas controlan la secreción del cortisol ¿os suena? Sí, es la hormona del estrés. También inciden en el desarrollo sexual, fetal y durante el embarazo, como el estradiol (un estrógeno femenino), la progesterona (vital durante el embarazo y responsable del agarre del embrión a la pared uterina), la prolactina (que estimula la secreción de leche tras el parto) y la testosterona (la hormona masculina por excelencia).

Pero no son las únicas hormonas que produce nuestro cuerpo y que se ven afectadas por los tóxicos. Otras tres hormonas vitales son influenciadas de forma decisiva por los disruptores endocrinos, como son la T4 o tiroxina (3,5,3′,5′-tetrayodotironina) y la TSH o Tirotropina (que influyen en el buen funcionamiento de la tiroides) y la HG, más conocida como hormona del crecimiento, por citar algunas de las más importantes.

A pesar de que su funcionamiento es variado y muy complejo, podemos decir que las hormonas son la respuesta que nuestras glándulas endocrinas ofrece a nuestro organismo ante determinadas situaciones tales como el hambre, el miedo, los cambios de temperatura, la administración de energía, las necesidades de crecimiento o desarrollo, diferenciación sexual y otros muchos estímulos.

Para que se produzca esa respuesta tiene que haber una comunicación entre las hormonas y unas proteínas específicas conocidas como receptores que son los desencadenantes de las funciones que las hormonas transmiten.

Por poner un ejemplo ilustrativo, las hormonas serían como una llave y los receptores su cerradura, sólo pudiéndose comunicar con estos receptores, y sólo cuando es necesario. Como nosotros, cuando llegamos a casa metemos la llave en la cerradura y se abre la puerta. No estamos todo el rato abriéndola y cerrándola, sino que accionamos este mecanismo sólo cuando lo necesitamos. Así, nuestro cuerpo está configurado de una forma tal que se ha dotado de mecanismos de seguridad extra a estas funciones. ¡Quién iba a imaginar que la mano del hombre iba a imitar estos mecanismos creando tóxicos que interfirieran en estas funciones!

Porque los disruptores endocrinos actúan de dos maneras: bien bloqueando la acción de la llave e impidiendo la comunicación de la vital información de las hormonas, bien porque son copias exactas de nuestras hormonas y actúan como llaves, pero al ser elementos exógenos de nuestro organismo no actúan cuando lo requerimos, sino cuando entran en contacto con nuestro cuerpo.

Aunque esta última afirmación más bien podríamos sustituirla por ‘cuando les da la gana’, ya que los efectos de los disruptores endocrinos se pueden notar décadas después de su exposición o, incluso, saltarse generaciones y no provocar daños a quienes estuvieron expuestos, pero sí a su descendencia, como el conocidísimo caso del DES (diethylstilbestrol) un medicamento antiabortivo elaborado a partir de esta hormona sintética y ampliamente recetado en occidente desde los años cincuenta a los setenta que no provocaba daños en la madre, pero sí carcinoma de células claras de la vagina o cuello uterino, así como abortos e infertilidad a las hijas y nietas (conocidas como hijas de DES), e infertilidad a los hijos y nietos. La siguiente generación aún no se ha producido y no se sabe las consecuencias que les pueda provocar el consumo de un medicamento a sus bisabuelas durante el embarazo de su abuela.

En el próximo artículo veremos por qué no existe un umbral de seguridad de los disruptores endocrinos y os contaremos cuáles son los más comunes en nuestra cosmética.

Nina Benito _Colaboradora de Cocunat y Periodista especializada en Cosmética Natural y sin Tóxicos en Organics Magazine