Os presentamos a las HEROÍNAS COCUNAT

GANADORAS HEROINAS COCUNAT

Cocunat ya tiene a sus particulares Heroínas para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Ha sido difícil elegir a solo 3 de vosotras después de la avalancha de testimonios y vivencias que hemos recibido durante estas 2 últimas semanas. Agradeceros a todas vuestra sinceridad y fuerza, sin lugar a dudas cada una de vosotras sois un ejemplo de vida y nos sentimos muy felices de que nos halláis hecho sentir participes de historias tan personales.

De entre el centenar de testimonios que nos habéis hecho llegar, hemos conseguido quedarnos y seleccionar las historias de Josefina, Ángela y Tulip. Y en cuanto al sorteo entre todas las historias recibidas, Teresa ha resultado la ganadora. Enhorabuena a todas vosotras porque os habéis llevado una cesta valorada en 100€ de productos Cocunat!

Mil gracias por demostrarnos que los límites no existen y por inspirarnos con vuestra fuerza. Os presentamos a las Heroínas Cocunat:

Sin título-1HEROÍNA COCUNAT 1 – JOSEFINA

¡Hola Cocunat y cocunateras! Mi nombre es Josefina y tengo 29 años.

Soy una apasionada de la vida: Trabajo en el restaurante de mis padres, estudio un master de gastronomía especializándome en sumillería, salgo a correr, asisto a cursos, congresos, catas…

De repente un día no me pude levantar de la cama. En cuestión de un par de semanas mi vida cambió drásticamente: Un cansancio extremo invadió mi cuerpo y mi mente, hasta el punto de no poder casi ni hablar. Tuve que dejar mi trabajo, mis estudios, en fin…mi vida. Tras muchas pruebas, visitas a diferentes médicos y hospitales, finalmente me diagnosticaron SFC (Síndrome de Fatiga Crónica). Es una enfermedad para la que no hay medicina ni tratamiento. Una enfermedad con la que hay que aprender a vivir. A pesar de que soy una persona positiva, comencé a desesperar.

Ni siquiera tengo 30 años y no puedo ni terminar de leer una carta sin acabar abatida. Aunque mi enfermedad no se pueda curar, me he dado cuenta de que si puedo cambiar pequeños hábitos para sentirme mejor: Comer mucha fruta, verduras y proteínas; utilizar cosmética natural, programar mis descansos…

Tras 6 meses empiezo a encontrarme mejor: ya puedo mantener una conversación corta y puedo volver a cocinarme mi comida. Me siento muy agradecida. He decidido no rendirme, sé que volveré a trabajar. 

Ésta es una lucha con la paciencia y la esperanza. Para sentir que sigo viva y que puedo hacer algo que tiene un sentido, he abierto un blog en el que, cuando me encuentro bien, detallo las recetas que invento con alimentos sanos que me hacen sentir mejor. He tardado varios días en poder terminar esta carta, pero la he terminado.

Espero que mi pequeña historia os pueda servir, como a mí,  para recordar que siempre hay algo por lo que darle gracias a la vida y que de cualquier situación siempre se puede sacar algo positivo.

Un abrazo enorme,

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HEROÍNA COCUNAT 2 –  ÁNGELA

“No, ella ya no trabaja aquí”, les oía repetir por el teléfono cuando llamaba alguien preguntando por mí. “No quiero que os acerquéis aquí a hablar con ella”, les repetía a mis compañeras, que acobardadas bajaban la cabeza y volvían a su mesa. “Dejadla, ya se cansará y se irá”, esa era la frase que diariamente escuchaba al entrar en la oficina.

Durante los meses que se extendió su particular castigo, mi trabajo consistía en permanecer sentada en el cuarto trastero donde se guardaban las facturas y demás, las 6 horas que duraba mi jornada laboral.

Mis utensilios de trabajo eran un ordenador sin conexión, y un teléfono sin línea. Temiendo las represalias que pudiera ocasionar, no utilizaba el móvil ni ocupaba mi tiempo en nada que pudiera originar una falta de cualquier tipo.

Acudir a mi lugar de trabajo cada día era una tortura, pero no podía rendirme y ceder a sus presiones. Tenía que pelear por lo que era mío y por lo que consideraba un derecho. Cada amenaza, cada insulto, me hacía pensar que no merecía la pena luchar, que lo mejor era rendirme y dejar de combatir en esa batalla perdida.

Pero al llegar a casa y ver su cara, me repetía a mí misma que ese no podía ser el final, esa sonrisa merecía un final justo.

Con el apoyo de gente experta en este tipo de asuntos, con ayuda psicológica y con la fuerza que saqué de alguna parte de mí que no conocía, conseguí que mi particular cruzada tuviera un final feliz. Mi trabajo en esa empresa había llegado a su fin, pero la última vez que cruzara esa puerta podría hacerlo con la cabeza bien alta, y con lo que justamente me correspondía después de tantos años de esfuerzo.

Habíamos sido compañeros de trabajo, amigos e incluso para mí eran parte de mi familia. Pero en el momento que mi vida cambió y Natalia apareció en ella, esas mismas personas que me habían tratado como a una hija, no soportaron que quisiera dedicar una parte de mi tiempo a verla crecer y acompañarla en cada paso.

Ser madre no es un privilegio, es un derecho.  Cada día que pasas con tu hijo es una enseñanza, una aventura, un momento inolvidable.  Ser madre trabajadora debería ser lo mismo. Pero diariamente se repiten situaciones como la que yo sufrí durante meses.

Lucha por lo que te corresponde, no pienses ni un segundo que te están haciendo un favor y que no lo mereces. Es tu derecho y ese tiempo perdido con tu hijo no lo recuperarás nunca.

Espero que mi experiencia pueda ayudar a alguien que se encuentre en mi situación, pensad que la lucha merece la pena. Y espero que consigáis ser la heroína que yo fui. Y que aprendí a ser para siempre.

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HEROÍNA COCUNAT 3 –  TULIP

Hola Cocunats,

Esta vez no os escribo para pediros consejo sobre ningún champú, sino para compartir mi historia! Creo que podría ayudar a otras personas a realizar un pequeño gran cambio 🙂

Me diagnosticaron SOP (ovario poliquístico) en la adolescencia, que como ya sabréis, es un trastorno hormonal y suele llevar consigo múltiples problemas a nivel físico y emocional. A pesar de que es muy común no se sabe cuál es su causa y tampoco existe una cura como tal. En mi caso, lo más problemático fue el acné hormonal que empecé a tener a los 18 años aproximadamente. Ahora tengo 25.

Lo primero que hacen los médicos en estos casos es darte anticonceptivos. Estuve más de cuatro años tomando la “píldora” pero el acné persistía, había cogido peso y mi estado emocional se deterioraba. Tras pasar por la consulta de endocrinos, dermatólogos y ginecólogos, llegué a un punto de hartazgo que me llegó a hundir. Lo único que hacía era dejarme el dinero en cremas, jabones, tónicos y maquillaje. ¡Incluso salí llorando de alguna consulta por sentirme estafada!

Entonces, con muchos obstáculos y siempre luchando contra la ansiedad, empecé a investigar e interesarme por otras alternativas y visité a una homeópata con muy buenas referencias. Algo impensable en mí, puesto que siempre había sido extremadamente escéptica con todo lo  natural (por absurdo que parezca). Empecé a entender mejor cómo funciona nuestro cuerpo y nuestras emociones, cómo nos afecta lo que comemos y lo que “come” nuestra piel. Si bien es cierto que no se puede culpar a una chica joven por buscar la solución a sus problemas en cremas o antibióticos, ya que eso exactamente es lo que nos han vendido, yo vi que tenía que ir a la raíz del asunto y llegué a la conclusión de que mi problema tenía que poder solucionarse de otra forma.

Cambié mi dieta a pesar de que me consideraba muy sana porque siempre comí mucha verdura y no me gusta la carne. Pues bien, fuera carnes, fuera gluten, fuera comida procesada, fuera lácteos, fuera azúcar. Confieso que quitarme el pan, el queso, el chocolate y la cerveza era una tortura y más estrés añadido, pero el drama dura lo que tardas en ver que tu cuerpo lo agradece. Con la dieta vino la cosmética, la higiene…porque sí, los tóxicos y metales pesados que interfieren con nuestro organismo y alteran nuestras hormonas entran por medio de champús, jabones, envases plásticos, latas, incluso el teflón de la sartén donde salteamos las verduras, así de sencillo. Con esto mi acné mejoró pero necesitaba algo más para que las hormonas se equilibrasen.

Tras muchas horas en internet di con algo que me llamó la atención y que parecía haber solucionado el problema de acné hormonal de una bloguera. Se llamaba “Sensuality Body Nectar” de Alqvimia, y 50 ml costaban bastante más de lo que había en mi cuenta corriente, pero mis padres y yo hicimos el esfuerzo. A pesar de que el aceite no se publicita específicamente para esto, después de muchos años sin ovular, puedo decir que he tenido ciclos normales desde que empecé a ponerlo en mi piel (bajo vientre, pecho y muñecas). ¿Increíble, verdad?

Apostando por la cosmética eco, comiendo comida de verdad y con éste maravilloso aceite he conseguido que la piel de mi rostro se esté recuperando, no tengo el acné doloroso y quístico que solía  tener, mi periodo es regular, estoy mucho mejor en todos los sentidos y aunque es pronto porque solo han pasado unos meses (no he gastado ni medio bote), sé que todo irá a mejor porque sigo aprendiendo. Algunas personas muy sensibles a veces tienen una respuesta increíble ante los aceites esenciales, y yo, por suerte, soy una de esas personas, pero lo que  realmente ha cambiado mi vida es tomar conciencia sobre mi bienestar.

Es la primera vez que pongo por escrito mi particular cruzada con el SOP y los tóxicos, gracias por esta oportunidad!

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GANADORA SORTEO HEROÍNAS COCUNAT  – TERESA

Este fin de semana he ido a la playa después de mucho tiempo y de muchas tardes asomada a la ventana, sin poder pisar la arena, ni dar paseos por la orilla, ni meterme al agua… Llevo un par de años bastante malita, muy delicada de salud, y parece increíble, pero hasta hace muy poquito, el simple hecho de exponerme al sol o sentir la brisa marina en mi cara, eran perjudiciales para mí. ¡Cómo es posible que algo tan hermoso, tan natural y cotidiano pueda perjudicarme tanto! No lograba entenderlo, y sigo sin hacerlo.

Gracias a mi familia, mis amigos, los médicos (mis héroes)… poco a poco voy estando mejor, hasta el punto de que la semana pasada, y en vista del buen tiempo que estamos teniendo aquí en el sur, me permitieron bajar a la playa un ratito y darme mi primer chapuzón después de tanto tiempo. Tuve que protegerme del sol y solo pude entrar y salir al agua, pero a mí me supo a gloria; no recordaba esa sensación y la he archivado en mi memoria para no olvidarla nunca y poder recordarla la próxima vez que me encuentre mal, triste o deprimida. Hace poco mi doctor me dijo algo que me encantó y que me gustaría compartir con vosotros: “Hoy en día, la gente sabe el precio de todo, pero no conoce el valor de nada”.

Un beso enorme.

¡Gracias a todas participar y ser nuestras Heroínas Cocunat!

Feliz Día Internacional de la Mujer

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